La esponja: Un elemento esencial en la belleza natural

Muchas veces, ya sea en la ducha o en bañera, nos afanamos por utilizar diferentes
tipos de geles, jabones entre otros.
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Sin
embargo, para que este ritual de belleza produzca los resultados esperados de
relajación y limpieza se requiere el uso de las esponjas.
Es necesario saber que existe una gran variedad de esponjas
en el mercado de diferente materiales. Están las sintéticas de nylon que, en ocasiones, vienen en forma de guantes,
manoplas exfoliantes o de panal.
Igualmente, hay aquéllas confeccionadas de material natural como
fibras de crin o lufa, de esparto y las esponjas marinas. Éstas últimas son, en realidad, organismos
del mar disecados sin tratamiento alguno para su uso comercial.
Entre los dos tipos de esponjas, se recomienda el uso de las
naturales, ya que son más fáciles de mantener en buen estado y, además, son absorbentes. Incluso, se considera las marinas como las
más aconsejables para las pieles sensibles o delicadas.
Las esponjas en la exfoliación de la piel
Si desea utilizar las esponjas con fines de exfoliación, se
aconseja el uso de la esponja ovalada, preferiblemente de lufa, cuando la piel
esté mojada. Luego, se debe frotar el
cuerpo subiendo hacia el corazón con movimientos circulares para ayudar a la
circulación sanguínea.
Es importante dedicar especial atención a los hombros, las
rodillas, la parte inferior de las piernas y la superior de brazos y muslos.
En cuanto al rostro, se puede utilizar la esponja para
preparar la piel antes de la exfoliación.
Para ello, se debe limpiar la cara con una esponja, después se debe mezclar
una cucharada de miel y media cucharadita de azúcar. Mezclar los ingredientes,
frotar suavemente y luego enjuagar con agua.
En estos casos, se puede observar que las esponjas no sólo
ayudan a activar la circulación sino que también eliminan las células muertas,
ayudan a combatir la celulitis y vigorizan toda la piel.
Recomendaciones
Lavar bien la esponja después de usarla, de manera que no
queden rastros de piel, gel o jabón y al final exprimir para retirarle toda el
agua.
Humedecer las esponjas antes de usarlas, ya que algunas son duras.
Conservar la esponja en un lugar limpio y en donde se seque
rápido.
Usar crema humectante después del baño con esponja.
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